Editorial Todo Pocket PC: El comercio minorista, ¿en crisis?
El INE hacía público esta pasada semana que las ventas del comercio minorista habían subido un 3,2% respecto el mismo mes del año pasado y que el empleo en este segmento de mercado había subido también, concretamente un 1,7%. Paralelamente hacía públicos los datos que afectan a las grandes superficies, aquellas con locales mayores de 2500 metros cuadrados, con un descenso de un 1,7% en el sector de la alimentación y un aumento de un 1,2% en el resto de productos.
Casi 600.000 empresas forman el conglomerado minorista en España, con una ocupación de 1.800.000 empleados, lo que supone casi un 10% del total de trabajadores. Curiosamente sólo un 45% de estas empresas aseguran disponer de fax y un 40% dice disponer de conexión a Internet. De las que conectan a Internet sólo el 16% reconocen haber comprado algo a través del comercio electrónico y bajan hasta el 7% las que usan estas herramientas para vender sus productos. Este baile de números nos permite sacar varias conclusiones. La primera de ellas es que el comercio minorista en España es una fuente importante de ocupación y de generación de riqueza. Tradicionalmente en nuestro país siempre ha gozado de buena salud y no ha sido necesario sufrir en exceso para sacar un negocio adelante. Otra conclusión que sacamos es que muchos de estos comercios están peligrosamente aletargados. No han invertido en nuevas tecnologías, no han reformado sus locales y no se han preocupado de lo que les viene encima.
Y es que la forma de comprar y vender está cambiando vertiginosamente. Centrándonos en el sector tecnológico, que es el que nos interesa, los cambios de unos pocos años a esta parte son abismales. Recuerdo perfectamente cuando la gente entraba en una tienda interesándose por las prestaciones de tal dispositivo, y recuerdo también las explicaciones del vendedor, normalmente acertadas porque sabía de que iba el asunto, porque hacía años que trabajaba en lo mismo y además la competencia era tan reducida que permitía explayarse en explicaciones porque la venta la tenía casi segura. Hoy día todo ha cambiado. La gente busca precio, los vendedores engrosar su cuenta de ventas mensuales y la química entre ambas partes ha desaparecido por completo.
Cerca de Tarragona se ha puesto en marcha el paraíso del consumidor de hoy día. Se trata de un polígono industrial recauchutado, donde las naves han sido reconvertidas en grandes tiendas y en donde el aparcamiento está asegurado. Mamá, papá y los peques pueden ir el sábado por la tarde, pasar por la hamburguesería del payaso de pelo rojo, ir a ver un estreno casposo de Hollywood en el cine, para pasar después a comprarle a la mamá ese accesorio del baño que tanto reclama y acabar con todos hipnotizados, momento en el cual papá podrá ir a esa cadena de tiendas donde sólo compran los que no son tontos y regalarse una nueva HTC sin que nadie rechiste. Todo en una tarde, sin moverse prácticamente del lugar, y convirtiendo el acto de comprar en una falsa fiesta de fin de semana.
Ante estos cambios de hábitos por parte de los compradores, el comercio minorista, ese que está en pleno centro sin aparcamiento y en donde los impuestos se lo comen vivo, ha de ponerse las pilas. El abrir un negocio y subir las persianas esperando que te vengan a comprar ya ha pasado a la historia, ahora es todo mucho más complicado. La venta del producto final ya no es un buen negocio, ya que entre las grandes superficies y las ventas on-line el margen comercial cada vez es menor. Casi todos los mayoristas tienen unas tarifas de precios que varían en función de las compras, es decir, a mayores compras mayores descuentos, hecho que deja en un peligroso lugar al comercio minorista. Se da el caso que por ejemplo, de un portátil Toshiba te puedan quedar 60 tristes euros brutos, que después de impuestos se pueden llegar a quedar en sólo 30. Las grandes superficies en cambio juegan con ventaja al poder negociar con los fabricantes unos precios mucho más competitivos. Se han de vender muchos portátiles para poder vivir de ello.
Otro detalle que resulta muy interesante. Una empresa de Mataró, cerca de Barcelona, está poniendo a punto un curioso sistema de marcado de precios para grandes superficies. Se trata de poner un pequeño chip en la etiqueta del producto de tal forma que con el carro lleno el cliente sólo habrá de pasar por debajo de un arco que leerá al instante todos los productos contenidos en el carro y dará el precio total de todos ellos, incluso de la botella de ginebra que el cliente puede haberse escondido en su chaqueta, ahorrando de esta forma la figura de la cajera substituyéndola por un simple lector de tarjetas de crédito. Ciertamente es un caso extremo, pero significativo a la vez, que nos da una idea de a dónde vamos en el sector de la venta al por menor.
Otros muchos problemas afectan al comercio minorista. La dificultad de mantener los mismos horarios de los grandes centros comerciales, ya que el personal no quiere o puede trabajar tantas horas, el exagerado dineral que cuesta subir la persiana cada día o la poca fuerza ante fabricantes y mayoristas, y por tanto poca competitividad, respecto a las grandes superficies. En Madrid se está hablando de que los comerciantes informáticos de la zona centro tendrían que asociarse para hacer frente común a estas grandes cadenas que están viniendo. No sé si es la solución, pero algo se está moviendo. Porque no es cuestión de agachar la cabeza ni de lamentarse. Los que sepan especializarse y encontrar su lugar en el mercado tienen las ventas aseguradas. Los que se duerman en los laureles el futuro no puede depararles nada bueno. Aún están a tiempo.
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vicenc.lacruz arroba todopocketpc.com
Última edición por Vicenç 04 de junio de 2007 a las 23:47.
Razón: Lapsus linguae
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